Todo peregrino que llega queda impactado y volverá la próxima vez con más entusiasmo. El Templo de San Ildefonso es una de estas estructuras donde el peregrino o devoto queda impresionado por la presencia de la Virgen en el entorno arquitectónico y artístico que se encuentra. Conocer este santuario es importante por su valor y su contenido sacro.

El tiempo es testigo de todos los procesos que ha pasado este templo en cuanto a su construcción, se dice que en 1848 el templo fue destruido por un incendio. Desde entonces se piensa en su reconstrucción. Aspectos de este templo antiguo nos relata Doña Nélida Mercado Vda. De Guerra:

Cuando era pequeña, recuerdo que el Templo de Quillacollo, era un gran caserón, hecho de adobe con techo de tijeras, cañahueca y tejado. Sus paredes pintadas con yeso o greda, altares que parecían tumulares, dólmenes iluminados con velas de sebo, piso de ladrillo que se despegaba en pedazos, un coro al que se subía por gradas de barro, que por su mal estado había que subir gateando para no caer. En estas circunstancias sorprendió al Templo de Quillacollo el terremoto de Sipe Sipe, cuya intensidad llegó a Quillacollo agrietando totalmente las paredes el techo con peligro de derrumbe.

Francisco Viedma, Gobernador intendente de la Villa de Oropeza en su informe al Virrey de Buenos Aires, Don Nicolás de Arredondo, enviado el 15 de enero de 1788, menciona el Templo de entonces: “en uno de sus frentes está la Iglesia es de adobe y cubierta de tejas, su capacidad regular y medianamente adornada, pero de poca consistencia por los malos cimientos”.

Algunos antecedentes de la reconstrucción del Templo de Quillacollo, se encuentran en los informes eclesiásticos a la Junta Municipal. Informe realizado por el Pbro. Eduardo Caballero en 1855, menciona la demolición del templo antiguo. Otro documento acerca de las torres del Templo se encuentra en el Libro de Actas de la Junta Municipal de Quillacollo de 1895 donde señala que se excavaron tres metros de profundidad, se puso la primera piedra y se enterró la copia del acta en una botella.  En la Junta Municipal en la sesión del 2 de diciembre de 1906, a la cabeza de Don Isidro Caballero se aprueba una Comisión Impulsora de trabajos para la reconstrucción del Templo. La idea fue madurando en los gobiernos municipales hasta los párrocos que en ese tiempo estuvieron al frente del Templo de San Idelfonso: Eduardo Caballero (1853), Cleto Bayá (1894-99), Fructuoso Mencía (1908) y otros. En 1907 el párroco Manuel de La Cruz Rivera, comenzó la reconstrucción del Templo, manteniendo el lugar donde estaba el antiguo templo desde tiempo inmemorial, ese mismo año llegó el párroco Fructuoso Mencía de grata e imperecedera recordación.

En la memoria municipal de ese año el presidente de la Corporación don Antonio Zambrana expresaba que los vecinos han cooperado trayendo piedras de Cotapachi, tanto en los hombros como en las bestias, apoyando a Mons.  Fructuoso Mencía e iniciando las obras en abril de 1908, así describe el padre Francisco Cano:

El Templo actual fue construido desde 1908 hasta 1947. La primera piedra se colocó en abril de 1908 siendo párroco el padre Fructuoso Mencía expresamente llamado a esta parroquia por la fama que tenía el sacerdote laborioso y entendido en obras similares.

El Padre Mencía puso manos a la obra con la decidida colaboración del pueblo, trasladando personalmente los materiales que eran requeridos en medio de sus feligreses y recaudando fondos penosamente de puerta en puerta y corriendo en compañía de la Imagen de la Virgen de Urcupiña, de pueblo en pueblo. Admira cómo pudieron trasladar los enormes pedrones que forman las paredes del sagrado edificio.

Mons. Mencía, quien recibió este título en premio a sus sacrificios solo se rindió ante la muerte el 15 de agosto de 1926 dejando el templo casi concluso, es decir, con mosaico en la nave central, pintadas casi todas las paredes y construidos casi todos los altares, Pero el no trabajo solo. Este Templo es un monumento perenne de la fe del pueblo que contagiado del entusiasmo indomable de su párroco hizo prodigios de paciencia, esfuerzo y constancia en el traslado de materiales, piedra por piedra y arena hasta el regazo de las mantas y ponchos de ancianos y niños, lunes por lunes desde la mañana a la noche. La mamita de Orcopiña fue en todo momento la piedra de toque para los entusiasmos, tanto del pastor como de las ovejas del rebaño de Cristo. Por ella se abrían todas las puertas y se hacían todos los esfuerzos. En una palabra, todo lo que tiene de grandioso y bello el Templo de Quillacollo es fruto de la devoción tierna y sincera de este pueblo hacia su MAMITA.

Un informe del párroco Mencía, dirigida al Obispo Francisco Pierini, el 22 de junio de 1921, catorce años después de las obras del templo sobre la plaza “15 de agosto” decía:

Se encuentra terminado el edificio en tres naves, habiéndose empleado el material de cal y piedra en todo su cuerpo, exceptuando las bóvedas que son ladrillo y yeso. Las torrecillas están muy adelantadas en su construcción, en una de ellas ya se ha colocado el reloj público, a insinuación de la municipalidad, porque la torrecilla en que fue ubicado, amenazaba peligro inminente de derrumbarse por su poca solidez; en la otra; en la construcción del tercer cuerpo, provisionalmente, ya se han colocado las campanas en el segundo cuerpo, esto es mientras se termine el ultimo cuerpo o coronación.

El que se encargó de concluir las obras de Mons. Mencía, y que quedaron inconclusas, fue el padre Francisco Cano. La experiencia adquirida por él, en sus viajes a lugares y templos de renombre cultural y arquitectónico, abrió su conocimiento y puso todo su empeño en hacer de este templo una joya arquitectónica.

Los posteriores párrocos continuaron esta obra de conservación y de embellecimiento del Santuario tal es el caso del Padre René Panoso, German Sainz, Federico Torrico; con el cambio del piso; Padre Ángel Rodríguez, con la conservación no solo de la parte arquitectónica, sino también de las pinturas que se encuentran al interior del Templo.

Las placas recordatorias de todos los trabajos están hechas en mármol y colocadas en las paredes de la puerta de salida al interior del Templo a los lados izquierdos y derecho.

El Gobierno de Bolivia dio también su justo reconocimiento con la Ley promulgada por el presidente Jaime Paz Zamora declarando al Templo como “Monumento Iglesia San Idelfonso” en la Ley N° 1347 del 15 de septiembre de 1992:

Art. 1° Declárese Monumento y Patrimonio Nacional a la Iglesia “San Idelfonso” de la Ciudad de Quillacollo. Art. 2° Autorícese al Poder Ejecutivo buscar financiamiento nacional y/o extranjero para la conservación y refacción de este Patrimonio Nacional.

El año 2008 cumplió 100 años desde su construcción, se realizaron diferentes celebraciones.